La historia vuelve a empezar
Nietzsche, filósofo alemán, habló del eterno retorno como la idea de que la existencia puede concebirse como un ciclo en el que los acontecimientos vuelven una y otra vez. No hace falta tomarla literalmente para encontrar algo inquietante en ella: quizá la historia no se repita, pero sí vuelven las preguntas, las necesidades y los problemas a los que el ser humano intenta dar respuesta.
El automóvil también tiene sus propios ciclos. Y ahora estamos en uno muy importante.
En 1898, Louis Renault construyó su primer automóvil, la Voiturette. Era un pequeño coche de apenas unos cientos de kilos, pero detrás de aquella máquina rudimentaria estaba naciendo una de las grandes marcas de la historia del automóvil.
Veintiún años después, en 1919, André Citroën presentó el Type A, el primer automóvil de la marca. Con su motor de cuatro cilindros y 1.327 cm³, era un coche moderno para su época y, sobre todo, una demostración de que el automóvil podía dejar de ser un objeto reservado a unos pocos.
Renault y Citroën acababan de comenzar una historia que, con el tiempo, tendría varios capítulos.
Porque quien pega primero, dicen, pega dos veces.
En 1948, Citroën esta vez se adelantó . En un París todavía marcado por las heridas de la guerra, presentó el 2 CV.

No era un automóvil concebido para presumir. Todo lo contrario. Era un coche pensado para resolver problemas. Tenía que ser barato, sencillo, resistente y fácil de mantener. Tenía que llevar a una familia, transportar mercancías y ser capaz de atravesar un camino rural sin que sus ocupantes acabaran desmontados por el traqueteo. En la web y canal de YouTube tenemos la prueba de este mítico modelo.
El 2 CV terminó convirtiéndose en mucho más que un automóvil. Fue una herramienta de movilidad para una Francia que quería volver a ponerse en marcha.
En 1961, Renault respondió con el R4. Del que también tenemos la prueba en el canal de YouTube de 4 marcha .
El concepto era parecido, pero la receta había cambiado. Tracción delantera, cinco puertas, un enorme portón trasero y una concepción mucho más práctica. El Renault 4 recogía el espíritu del automóvil popular y lo adaptaba a una nueva época.
Dos marcas. Dos coches. Una misma pregunta:
¿Cómo fabricar un automóvil que responda a las necesidades de la gente de su tiempo?
Y aquí es donde la vieja idea del eterno retorno vuelve a aparecer.
Porque las circunstancias cambian, pero algunas necesidades permanecen.
Europa había salido de una época de guerras, escasez y destrucción. Muchos países estaban reconstruyéndose y el automóvil se convirtió en una herramienta de movilidad, trabajo y libertad.
Hoy vivimos otra transformación.
No estamos reconstruyendo las mismas ciudades ni afrontando exactamente los mismos problemas. Pero volvemos a preguntarnos cuánto debe costar un automóvil, cuánto debe consumir, cómo debemos movernos y quién puede permitirse hacerlo.
La respuesta tecnológica es diferente.
La pregunta, quizá, no tanto.
Los motores de combustión dejan paso progresivamente a los eléctricos. Las baterías sustituyen a los depósitos de combustible como uno de los grandes elementos estratégicos de la industria. Y los fabricantes europeos se enfrentan a una competencia cada vez mayor procedente de China.
Y, ante este nuevo escenario, los franceses parecen haber encontrado una curiosa forma de mirar hacia el futuro: volver al pasado.
Renault recuperó el nombre del R5 con el Renault 5 E-Tech eléctrico.
Y ahora Citroën prepara el regreso de otro de sus grandes iconos. El 2 CV.

En octubre de 2026, durante el Salón del Automóvil de París, Citroën tiene previsto mostrar más detalles de su futuro 2 CV eléctrico. Se presentará oficialmente otro icono de la historia de la automoción convertido a eléctrico . Es curioso , como ante este presente y futuro que acontece , los abuelos , los padres , cobren mucho protagonismo para tomar decisiones , que eviten estar viciadas por el ruido del mundo moderno .
Y aquí el círculo empieza a cerrarse.
El diseño recupera, al menos conceptualmente, las líneas maestras que hicieron reconocible al original, aquel automóvil nacido del trabajo de Pierre-Jules Boulanger, André Lefèbvre y Flaminio Bertoni.
Pero esta vez no habrá un pequeño motor bóxer de gasolina. Habrá baterías.
No habrá que pensar en caminos de tierra para los que se diseñó el original.

Habrá que pensar en ciudades, emisiones y movilidad eléctrica.
Y, sin embargo, la filosofía parece sorprendentemente familiar: hacer un automóvil sencillo, práctico y accesible para una nueva generación.
Se habla de un precio que podría situarse alrededor de los 15.000 euros y de una autonomía cercana a los 300 kilómetros, aunque esas cifras todavía no forman parte de las especificaciones oficiales anunciadas por Citroën.
Habrá que esperar.
Habrá que verlo.
Habrá que comprobar si detrás de esa carrocería moderna permanece algo del espíritu del viejo 2 CV.
Porque quizá ahí esté la verdadera paradoja.
Nietzsche imaginó un eterno retorno en el que todo vuelve.
La industria del automóvil parece haber encontrado una versión mucho más práctica de esa idea: no repetir exactamente el pasado, sino recuperar sus respuestas cuando vuelven a aparecer preguntas parecidas.
En 1948, Europa necesitaba coches sencillos porque necesitaba reconstruirse.
En 1961, Renault respondió con el R4 a una sociedad que estaba cambiando.
En 2026, Citroën vuelve a mirar hacia aquel mismo concepto mientras Europa busca su lugar en la nueva era eléctrica.
Los motores cambian.
Las baterías cambian.
La tecnología cambia.
Pero algunas necesidades permanecen.
Moverse. Ser libres. Llegar más lejos. Y poder permitírselo. Quizá por eso el 2 CV esté a punto de volver. No porque la historia se repita exactamente. Sino porque, de vez en cuando, el futuro necesita recordar cómo empezó el pasado. ¿ y sabéis que ? Me encantaría probarlo.

Por último, me viene a la memoria como Hitler usó a su antojo alguna teoría del filósofo Nietzsche. Con lo que no está de más, prevenir que no siempre la re interpretación de una idea buena, tiene que ser igualmente buena.
