La mística de Ebro y Santana

Me hago viejo.

42 años. Mis hijos me llaman viejoven, aunque siga haciendo 200 kilómetros semanales en bici, vuelva dolorido de alguna caída en algún descenso o coja un 127 y me vaya a Lourdes, ida y vuelta, en menos de 48 horas, para traerme una de sus famosas garrafitas de agua.

¿Has estado alguna vez?

Da igual cuál sea tu creencia. La creencia, la liturgia, el paisaje, la gente enferma que llega allí buscando una cura… Es alucinante. Es místico. Aunque no te gusten las cruces , llegas a entender su magnitud

Y algo parecido a ese misticismo me pasa con Ebro y Santana.

No tienen por qué gustarte. No tienes por qué comprarte uno. Pero hay varias cosas en estas dos marcas que me parecen, precisamente, un poco místicas.

La primera es que podemos quejarnos de que utilizan tecnología china. Sí. Es china.

Pero conviene recordar que la historia de la automoción española nunca ha sido una historia de pureza tecnológica.

Barreiros, por ejemplo, desarrolló una parte fundamental de su actividad a partir de motores de origen Perkins, adaptándolos y fabricándolos en España. SEAT nació bajo licencia de Fiat y durante muchos años sus modelos tuvieron una relación tecnológica muy estrecha con la marca italiana. Y Santana comenzó fabricando Land Rover bajo licencia y, posteriormente, tuvo una larga relación tecnológica con Suzuki.

Santana Land Rover

Es decir: durante décadas, las marcas españolas también necesitaron tecnología extranjera para salir adelante.

Entonces, ¿qué más da que ahora Santana y Ebro utilicen tecnología china?

Aquí aparece la segunda parte del misticismo.

Santana empezó en Linares y ha vuelto a Linares.

Ebro tuvo su origen industrial en Barcelona y la antigua fábrica de la Zona Franca, que acabaría siendo de Nissan, vuelve ahora a producir vehículos bajo la marca Ebro después de la marcha de Nissan.

Ebro

Las dos marcas han cambiado. Las empresas han cambiado. La tecnología ha cambiado. Los socios han cambiado.

Pero las fábricas siguen ahí. Y eso, para mí, tiene algo especial.

Hay además una diferencia importante entre los dos proyectos. Ebro está construido alrededor de una alianza industrial principalmente con Chery. Santana, en cambio, está intentando recuperar la actividad de Linares mediante acuerdos con diferentes fabricantes asiáticos.

Y quizá por eso Santana transmite una continuidad más evidente con lo que fue la marca: el todoterreno, Linares, una fábrica histórica y una identidad muy ligada a ese tipo de vehículo.

Santana

En Ebro la relación es diferente, pero también existe ese vínculo con el pasado.

Y ahí está, para mí, el verdadero misticismo.

Porque, aunque prácticamente todo haya cambiado, hay algo que se parece mucho a lo que ocurría cuando Ebro y Santana comenzaron su andadura.

Siguen fabricando coches en España.

Siguen dando trabajo en lugares donde la automoción ha formado parte de la vida de varias generaciones. Y siguen necesitando tecnología y socios extranjeros para hacerlo.

Solo han cambiado algunos de los actores.

A veces noto cierta animadversión cuando se habla de la tecnología china. Y creo que, en parte, tiene una explicación. Cuando pensamos en Land Rover, Fiat, Suzuki o Perkins, los vemos como socios tecnológicos que ayudaron a desarrollar una industria española. En cambio, con China existe la sensación —y quizá el futuro nos diga hasta qué punto es cierta— de que el objetivo puede ser diferente: no solamente vender tecnología, sino terminar quedándose con una parte mucho mayor del pastel.

Y esa diferencia importa.

Porque una cosa es utilizar tecnología extranjera para fabricar un coche español en España y otra muy distinta es utilizar una marca española como envoltorio para vender aquí un coche esencialmente desarrollado y fabricado fuera.

En Ebro, esa frontera es especialmente interesante. Y en Santana también habrá que ver cómo evoluciona el proyecto.

Pero mientras estos coches sigan fabricándose en España, mientras esas fábricas sigan abiertas y mientras detrás de ellas haya trabajadores, proveedores y familias que viven de esa industria, hay algo que permanece.

El pasado y el presente no son tan diferentes.

Antes llegaba tecnología de Reino Unido, Italia o Japón. Ahora llega de China. Han cambiado los actores. Pero la historia, en el fondo, se parece bastante. ¿ No te parece místico ?

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